ANTECEDENTES SOBRE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Publicado el October 29th @ 10:22 pm por admin

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La violencia de Género en general y la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja en particular, es un fenómeno histórico presente en gran parte de las culturas humanas sin límite de edad, clase social, raza, ideologías o religión. Esta realidad tan dramática, pero muchas veces invisibilizada, tiene mucho que ver con el tipo de sociedades en las cuales se sitúa a las mujeres en una posición de inferioridad respecto a los hombres y por lo tanto en una posición de dependencia económica, social, cultural y emocional.

Durante las dos últimas décadas las distintas expresiones de este tipo de violencia comienzan a ser concebidas como una violación a los derechos humanos. El derecho a la vida, el derecho a la libertad y la seguridad, el derecho a verse libre de toda forma de discriminación, el derecho a no ser sometida a tortura, ni a tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, sólo por señalar algunos, son violados cuando las mujeres sufren violencia tanto dentro como fuera de la familia. El principio en que se fundamenta la Declaración Universal de Derechos Humanos, “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, en muchos lugares del mundo no llega a ser reconocido para las mujeres, ni respetado en aquellas sociedades donde es proclamado constitucionalmente.

La violencia de género es una problemática compleja, cuya existencia se funda básicamente en la desigualdad entre hombres y mujeres -desigualdad que es construida culturalmente- y es legitimada y reproducida por la propia estructura social.

¿Qué se entiende por violencia de género?

De acuerdo a la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer “La violencia de género se refiere a todo acto que se ejerce contra la mujer por el simple hecho de serlo y que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual, psicológico o emocional, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, y todo ello con independencia de que se produzca en el ámbito público o privado”. (Asamblea General de Naciones Unidas, 1993).

La violencia de género asume distintas formas, desde la violencia emocional (Insultos, amenazas) a la violencia física (Empujones, golpes, disparos, ataque con arma blanca, muerte): desde el acoso u hostigamiento sexual hasta la explotación sexual y tráfico de mujeres y niñas; desde mutilaciones genitales hasta la esclavitud; desde violaciones masivas y torturas sexuales en tiempos de guerra hasta violaciones a mujeres y niñas refugiadas y desplazadas.

Por ejemplo, de acuerdo a datos de la UNICEF recientemente publicados, en el mundo se ha asesinado a 60 millones de niñas que fueron abortadas, asesinadas al momento de nacer o murieron víctima de malos tratos por el sólo hecho de ser mujeres.

Según este mismo informe, en el continente asiático es donde esta situación alcanza los niveles más dramáticos, por la violencia hasta la muerte de las menores y la prostitución obligada de miles de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes.

Las expresiones de la violencia son dramáticas

En países como India y Pakistán los asesinatos que tienen el fin de “limpiar el honor de la familia”, son otra dramática expresión de la violencia hacia las mujeres. En Africa, anualmente mueren o quedan estériles miles de niñas que son sometidas a actos rituales de mutilación genital.

De hecho, la elección del 25 de Noviembre como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer se debe a que en este día recordamos el asesinato de las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal en la República Dominicana, quienes cayeron víctimas de la violencia política impuesta por el gobierno autoritario de Trujillo en 1961.

No podemos olvidar, sin embargo, que una de las expresiones más habituales de la violencia que se ejerce sobre el género femenino es la que se da en su entorno más cercano, particularmente la que ejercen sobre ellas sus parejas (Cónyuges, convivientes, novios), mediante los malos tratos, los golpes, las amenazas, la agresión verbal, el encierro o confinamiento doméstico y el ejercicio de la fuerza en las relaciones sexuales, llegando a casos extremos de amenazas de muerte y homicidios. Al respecto, un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002) sobre Violencia en el Mundo establece que en el caso del 70% de las mujeres asesinadas, los homicidas fueron sus parejas o ex parejas.

La violencia y abusos que experimentan las mujeres pueden ser reales, un intento de, o bien una amenaza y pueden expresarse de muchas maneras, como por ejemplo que sean empujadas, golpeadas, acuchilladas, quemadas, estranguladas y/o sofocadas, pateadas, escaldadas, punzadas, abusadas, ignoradas, humilladas, aisladas de la familia y amigos, violadas (vaginalmente, vía anal u oralmente), agredidas sexualmente utilizando implementos, forzadas u obligadas a realizar actos sexuales no deseados, forzadas a embarazarse, forzadas a abortar o a una esterilización, o impedidas de abortar o esterilizarse, prostituidas, comprometidas con o en pornografía, mantenidas bajo privación financiera (con poco dinero, que tomen su dinero, hacer que se endeuden constantemente) torturadas psicológicamente (se les impida dormir, que pasen hambre, que deban vestirse como el hombre determine, constantemente criticadas, sometidas a celos y a una posesividad extremos, que les destruyan su propiedad y pertenencias personales).

Los impactos emocionales de la violencia

La vida con un compañero violento puede generar impactos de corto y largo plazo sobre las mujeres, tanto en el ámbito físico, como en el social, emocional y psicológico. Aparte del daño físico obvio, la violencia intrafamiliar genera baja en la autoestima, pérdida de confianza en sí misma y en los demás, aislamiento, destrucción del ego, depresión, tendencia al suicidio.

La violencia hacia la mujer en las relaciones de pareja es considerada en la actualidad como un grave problema social y cultural, sin que se observe una tendencia a su disminución a pesar de los esfuerzos por reducirla, llevados a cabo durante las últimas décadas.

Algunas cifras

En nuestro país, por ejemplo, 7 de cada 10 mujeres sufren violencia psicológica en sus hogares de parte de su pareja, marido o conviviente y cada año 70 chilenas mueren producto de la violencia conyugal.

Según un estudio de Agosto del 2004, encargado por el SERNAM de la Región de Coquimbo a la Universidad Católica, el 48, 4% de las mujeres entrevistadas reconoce haber sido víctima de algún tipo de violencia. Entre ellas mencionan la psicológica (41,9%) la física (32,6%) y la de connotación sexual (16,6%).

Este estudio reafirmó los resultados encontrados en el estudio de prevalencia realizado en el año 2001 en las regiones Metropolitana y de la Araucanía, según el cual el 50.3% de las mujeres que viven o han vivido en pareja han sufrido algún tipo de violencia.

Los efectos de la violencia conyugal son devastadores, en la mujer se genera mutilación de la autoestima, pérdida de confianza en sí misma y en los demás, aislamiento, depresión y tendencia al suicidio.

Efectos sobre la familia

Los efectos de la violencia contra las mujeres en el ámbito familiar alcanzan también a sus hijos e hijas, ya sea porque son también víctimas directas de los malos tratos o porque son víctimas indirectas en la medida que son testigos de la violencia sufrida por sus madres.

La violencia intrafamiliar es una problemática social que tiene profundas raíces culturales y cuyos efectos alcanzan a toda la sociedad –y más globalmente a toda la humanidad- Por tanto la responsabilidad de erradicarla, nos corresponde a todos quienes estamos aquí presentes: a las y los representantes del gobierno, del poder legislativo y del poder judicial; a las y los representantes de organismos internacionales, a la sociedad civil y sus organizaciones, a los medios de comunicación.

Porque la violencia hacia las mujeres es una trágica epidemia que devasta la vida de niñas, mujeres y ancianas, rompe familias y comunidades, es una barrera para el desarrollo de las naciones y en definitiva nos hace menos humanos, requerimos el compromiso de toda la sociedad para no ejercerla, no permitirla, no justificarla.

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